Las
Cruzadas
entre la realidad y la leyenda negra
No
se aplaca el debate sobre el significado de las Cruzadas. También porque
la distancia de final de milenio entre el Occidente y el Islam evoca escenarios
sugestivos.
Según
el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas
ha sido construida por los iluministas una "leyenda negra" "como
arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana". Messori
ha escrito en el "Corriere della Sera", el principal diario italiano,
que "es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la
obra de la Reforma, se establece el rosario de las "infamias romanas",
convertido en canónico".
"Por
lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó
incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la
historiografía "iluminada" para indicar el paréntesis
de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los
del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años,
asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno
les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría "primera
Cruzada". Aquello para ellos era itinerario, "peregrinación",
recorrido, pasaje. Aquellos mismos "peregrinos armados" se habrían
sorprendido aún más si hubieran previsto que les sería
atribuida la intención de convertir a los "infieles" o de
asegurar vías comerciales a Occidente o de crear "colonias"
europeas en Medio Oriente...".
Messori
revela que, lamentablemente, "en Occidente, la oscura invención
"cruzada" ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos
hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las
cosas". Además, explica Messori, "en Oriente, la leyenda
se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos --y pagaremos todavía
más-- las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes
musulmanas que piden venganza contra el "Gran Satanás". Que
no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo,
de las "Cruzadas": ¿No son quizá los occidentales
mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión
contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?".
"Y
sin embargo --revela el conocido escritor-- hay una pregunta que deberemos
hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad
e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando,
en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde
hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los
seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero
de Egipto y luego del norte de Africa, llevando a la extinción del
cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín.
Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará
Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten
en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula
y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico
alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder
ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén
en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo
de un cortejo sangriento de sufrimientos".
Messori
concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: "Todavía
hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que
no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién
se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos
hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está
dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra",
esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por
las buenas o por las malas?".
"Un
simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas
generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura
defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta
hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta
para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de
misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemente
no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán
ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel
acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía
de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo
de las Cruzadas?".
Tomado
de
www.zenit.org
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Jóvenes de Acción
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